¿Quién bajó la persiana del día envolviéndome en esta oscuridad? ¿Quién aumentó el volumen para ahogar los gritos del malvado silencio? ¿Quién permitió que los meses y los años se alejaran llevándose acaso de la nada ilusiones y sueños o fracasos? ¿Quién no pudo traerme con mis pasos, ni siquiera de la vida, los retazos? ¿Quién? –me dije, –¡¿Quién?! ¡Yo! –me respondí..., pues no hay duda; yo soy “quién”