No fue sólo
ayer;—introspección— hoy también me derramo en lágrimas
al alcanzar
el comienzo del final
torpe e
inclemente,
lento e
implacable. Por las mejillas se escurre mi alma derretida,
lánguida y débil. Ya no hay musas en mi corazón
ni en
aromas de mis aires con café ni en
sabores por mi boca. ¡Ay, ay...! ¡No...! Ya no hay musas.